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Verónica Williams y Ana Schaposchnik
Departamento de Antropología. Museo Americano de Historia Natural. Nueva
York
Departamento de Historia. University of Madison. Wisconsin.
INTRODUCCION
Este artículo integra resultados de investigaciones
desarrolladas independientemente desde dos disciplinas diferentes: arqueología
y etnohistoria. En ambos trabajos se compartieron el área de estudio y el
objetivo general de comprender la dinámica local y regional de los grupos
indígenas antes y después de invasión española.
El área de investigación, ubicada en el oeste de la
provincia de Catamarca en el noroeste de Argentina, correspondía parcialmente
al territorio diaguita (1) y posteriormente a la gobernación colonial del
Tucumán (2) (Figura 1).

La hipótesis principal compartida por ambas autoras fue que
entre los habitantes del oeste catamarqueño, entre 1414 y 1642 AD existió
integración social y política. De esta hipótesis de trabajo se desprendieron
algunos interrogantes: ¿Cómo se articulaba esa integración? ?La integración
existente entre los pueblos fue afectada por la expansión inka y la invasión
española? ¿Cuál
fue el grado de modificación provocado por ambos acontecimientos?
¿Contribuyeron a la concentración o a la
fragmentación de las jefaturas locales?
Entre los objetivos específicos nos propusimos en primer
lugar conocer las relaciones políticas y sociales de los diferentes grupos que
habitaban el ámbito serrano del oeste de Catamarca en momentos previos a la
ocupación inka (1000 AD).
En segundo lugar pretendimos indagar sobre las relaciones de
dominación que el imperio inka ejerció sobre los pueblos de
la región (1400-1535 AD).
En tercer lugar tratamos de desentrañar la modalidad de las
relaciones políticas y sociales entre los grupos locales y/o foráneos para
enfrentarse a la dominación española.
Por último, intentamos rastrear a partir del registro
etnohistórico la perdurabilidad de las vinculaciones sociopolíticas de los
grupos asentados en la región.
Las variables y los indicadores que fueron tomados en cuenta para el desarrollo de las investigaciones fueron sumamente
diferentes, provenientes de la arqueología y de la etnohistoria
respectivamente. Hemos empleado tanto técnicas cuantitativas como cualitativas.
Para la parte arqueológica tomamos en cuenta variables como tamaño, tipo de
instalación y funcionalidad, complejidad y establecimos un rango y
jerarquización de los sitios estatales y locales. En cuanto a la parte
etnohistórica consideramos las menciones en las fuentes primarias sobre
relaciones de alianza y/o parentesco entre los grupos estudiados. Intentamos
así comprender la trama de relaciones sociopolíticas subyacentes.
METODOLOGIA
a) Analogía, Arqueología y Etnohistoria
Como ya expusimos anteriormente uno de los objetivos de este
escrito fue rastrear -a partir del registro etnohistórico- la perduración de
las vinculaciones sociopolíticas entre las poblaciones del centro oeste de la
actual provincia de Catamarca, desde el año 1535 AD hacia atrás. Consideramos
que una metodología acorde con nuestro interés era aplicar la analogía
histórica directa.
La analogía histórica directa se basa en el supuesto que en
algunas áreas existió o existe una conexión directa entre las culturas
arqueológicas y las etnográficas. Una tendencia reciente ha asido el
desarrollo tanto de la analogía histórica directa como de la analogía general
para generar hipótesis, leyes y modelos a testear contra el registro
arqueológico.
Con el desarrollo de la etnohistoria como una disciplina
reconocida, la integración de los datos arqueológicos y etnohistóricos fue
denominado acercamiento histórico directo. Frecuentemente los arqueólogos
utilizan la información documental para ayudar a sus interpretaciones. Sin
embargo hay que advertir sobre un riesgo que se corre, y es el de tomar a los
documentos como pruebas aisladas que corroboran hipótesis. Esto sucede cuando
se contrasta la información proveniente del registro arqueológico con la
simple lectura de una fuente histórica. Nuestra intención es, entonces,
conjugar ambas líneas de trabajo, pero en un segundo momento de cada
investigación.
Consideramos que la analogía debe producir nuevos
interrogantes acerca de la clasificación del registro arqueológico; y servir
como medio para guiar y profundizar las investigaciones más que ser considerada
una manera de ofrecer interpretaciones que sirvan como "dato" para la
síntesis. En general los arqueólogos han aplicado la analogía al dato
etnográfico como una forma de interpretación del fenómeno observado
arqueológicamente, más que una forma de generar nuevos tipos de
investigaciones dentro de la organización del dato arqueológico (Binford 1972:
35). Dentro de este encuadre -el de usar la analogía como un medio para
profundizar las investigaciones-, se desarrolla el trabajo que a continuación
expondremos.
Los estudios etnohistóricos han profundizado en cuestiones
relativas a la constitución de alianzas frente a enemigos
comunes. Y por sus resultados sabemos hoy que la dinámica histórica previa fue
un factor primordial al considerar las opciones elegidas por los grupos nativos
americanos frente a la expansión inkaica primero, y a la invasión española
después. En esta clase de estudios la estrategia de investigación consiste,
frecuentemente, en buscar las estructuras socio-políticas de las sociedades
americanas tomando como guía las conductas registradas durante el proceso de
conquista y colonización (Espinosa Soriano 1978, Stern 1986, Lorandi y
Boixadós 1987-88, Cruz 1990-92, Lorandi et al. 1997). También se ha
investigado sobre la preservación de las redes, de las relaciones
socio-económicas y políticas locales, y su resignificación para implementar
la adaptación a las nuevas condiciones que el dominio colonial implicó
(Spalding 1974, Wachtel 1990, Saignes 1984, 1985 y 1987, Rasnake 1989, entre
otros).
Un concepto sumamente interesante que ha sido planteado para poder comprender cómo se organizó la lucha indígena frente
a la dominación española, aún considerando más de dos siglos de opresión y
una práctica constante de medidas tendientes a cercenar las estructuras
socio-políticas nativas, ha sido el de "adaptación en resistencia".
Acorde con la propuesta de Stern (1990), debemos preguntarnos por qué, en un
momento dado (y no antes ni después), una población se rebela colectivamente
contra la autoridad establecida. A continuación, debemos comprender que las
rebeliones no son movimientos aislados de la dinámica histórica antecedente al
contexto sobre el cual estamos trabajando. Así, podemos investigar sobre la
historia previa de resistencia y autodefensa, sobre los acomodos frente a las
autoridades establecidas, para comprender que la resistencia a la autoridad es
en verdad de larga data, y que las coyunturas rebeldes son parte de fenómenos
de larga duración. Para poder estudiar estos aspectos se hace necesario
analizar los fenómenos en múltiples escalas temporales: en los períodos
cortos (coyunturas y episodios) se aprecian los cambios dinámicos, y en los
períodos largos (siglos), se pueden estudiar las injusticias, las memorias y
las estrategias que dieron forma a los objetivos, la conciencia y las tácticas
de los rebeldes. En un trabajo previo hemos estudiado la articulación entre las
jefaturas que sustentaron un movimiento rebelde (Schaposchnik 1994). Y en este
trabajo pretendemos avanzar ampliando nuestro recorte cronológico hacia
períodos largos, para determinar la antigüedad de esa articulación.
LAS JEFATURAS "ORIGINALES"
Para la etapa preinka (1000-1400 AD) solamente contamos con
información arqueológica. El área investigada se caracterizó por sostener
una densidad poblacional considerable. Esto se traduce en los numerosos
conjuntos habitacionales que se concentran en los valles. El patrón de
asentamiento casi exclusivo de este momento corresponde a grandes poblados en
forma de conglomerados, ubicados generalmente sobre mesetas y terrazas altas,
algunos fortificados naturalmente y en los conos aluviales (los llamados pueblo
viejo o alto y pueblo bajo respectivamente).
LA ETAPA INKA
Para el momento de dominación inka no contamos con
información documental, pero sí con abundante evidencia arqueológica y buenos
registros.
Desde el centro de Bolivia hasta Argentina y Chile, Raffino
registró más de 250 instalaciones inkas (Raffino 1981 y 1988; Raffino et al
1984). En Argentina las instalaciones varían desde grandes fortalezas como el
Pucará de Andalgalá hasta simples y pequeños tambos como Punta de Balasto. El
Kollasuyo parece haber constituído un foco de extracción y producción
especializada de la manufactura de cerámica, textiles, metalurgia y trabajo
lapidario, entre otros, llevadas a cabo en establecimientos o enclaves
estatales. Estas actividades fueron acompañadas por el desarrollo de un sistema
de caminos y por el establecimiento de fortalezas ubicadas en las fronteras del
imperio.
La intervención Inka debió haber afectado sensiblemente la
composición demográfica y la estructura política de la sociedad regional. Es
posible, aunque carecemos de pruebas claras al respecto, que parte de la
población local haya sido desplazada de sus tierras y trasladada fuera del
valle. Si esta fuera una hipótesis correcta, habrían quedado tierras libres
que fueron otorgadas a los mitmaqkuna (colonos desplazados y reinstalados
por los inkas) y a aquellos sectores étnicos que hubieran entablado una mejor
relación con los Inkas.
Todos estos movimientos de población oscurecen la
comprensión de la situación preinka, ya que las nuevas relaciones de poder
debieron provocar profundas modificaciones en la estructura demográfica y
política de las áreas bajo dominio estatal. Un interrogante sin aparente
respuesta inmediata se refiere a la amplitud de los cacicatos y a la estructura
interna de poder entre ellos durante el período de los Desarrollos Regionales.
EL EXAMEN DE LOS DATOS ARQUEOLOGICOS
El análisis regional ha impulsado últimamente estudios
arqueológicos que toman unidades geográficas mayores al sitio aislado. Esto
permite reconstruir aspectos de la sociedad prehistórica que pueden no estar en
el sitio individual.
Una hipótesis original planteada por una de las autoras
sostenía que durante la época inka existieron en el área valliserrana central
estrechas vinculaciones de las poblaciones autóctonas de Andalgalá, los andalgalá
con otros grupos del sur del valle de Santa María, de la sierra del Cajón, del
Aconquija y del valle de Hualfín y Abaucán (Figura 1).Vinculaciones que
involucraron interacciones parentales y/o políticas. La intervención inka en
el área pudo provocar o ampliar estos lazos de relaciones sociales a causa de
la incorporación de poblaciones de mitmaqkuna en los centros estatales
(Williams 1986).
Metodológicamente la estructura sociopolítica de los
asentamientos de una región en un momento dado puede ser abordada a través del
análisis de la relación entre el logaritmo del tamaño de los asentamientos y
el logaritmo de su posición en una escala ranqueada. Esta relación puede
considerarse como un caso especial y continuo de distribuciones discretas
asociadas con la teoría de lugar central (Beckman 1958; Paynter 1983: 239). La
premisa consiste en que existe una relación sistemática entre el tamaño del
asentamiento y su importancia funcional en una jerarquía política y económica
(Haggett et al. 1977; Johnson 1977).
Los modelos de lugar central y los análisis de tamaño-rango
son herramientas importantes para la interpretación de los patrones de
asentamiento de las sociedades estratificadas. Este tipo de análisis ha
alcanzado una popularidad particular para relacionar los modelos teóricos de
lugar central con el dato arqueológico (Johnson 1977 y 1980, Paynter 1982),
aunque es verdad que existen limitaciones en la utilidad de esas ideas.
Un supuesto característico de este modelo, desde el punto de
vista de las sociedades estratificadas, es que los asentamientos se ubican en
jerarquías, es decir una pequeña cantidad de sitios grandes y numerosos sitios
o asentamientos pequeños. Una jerarquía de asentamientos consta de diferentes
y numerosos tamaños de sitios involucrando tipos de intercambio también
diferentes en los que participan poblaciones provenientes de distintos lugares
(Paynter 1983: 236). Wright y Johnson (1975) sugieren que los asentamientos
reflejan el grado de diferenciación y son especialmente útiles para medir la
emergencia del control de las funciones asociadas con la evolución del estado.
Un sistema bien integrado, en el cual el tamaño de un sitio
es proporcional a su complejidad funcional, debería mostrar una línea recta de
puntos (D'Altroy 1992: 188). Las interpretaciones del comportamiento han sido
desarrolladas para algunos de los patrones de desviación de la regla
tamaño-rango. En arqueología han sido usados tres modelos. Uno es el patrón
cóncavo de desviaciones en los que se observan valores que caen por debajo
de la línea de la regla esperada de tamaño-rango. Johnson sugiere que estas
desviaciones se alcanzan si el área arqueológica de estudio es más pequeña
que el área de influencia del sistema de asentamiento del pasado. Este patrón
parece ser característico de sistemas en los cuales la competencia económica
está minimizada y el mantenimiento de los límites del sistema es una función
primaria del centro principal (Johnson 1987: 108). El otro patrón es el convexo
en el cual la representación gráfica cae por arriba de la línea normal
esperada. Dos procesos de comportamiento han sido sugeridos para esta clase de
patrón. Uno es que esta desviación se alcanza cuando dos o más sistemas
completos bien integrados son agrupados en el análisis (Johnson 1977: 499) y el
otro sugiere que las áreas están ubicadas en la periferia de grandes
economías políticas (Paynter 1982). A su vez Johnson (1980) argumenta que
ambas periferias y las áreas de estudios analizadas representan situaciones de
una integración pobre del sistema. El último patrón de desviaciones es el primo-convexo.
Johnson identifica este patrón como el resultado de "sistemas de
asentamientos compuestos de subsistemas (enclaves) los cuales están articulados
con un centro regionalmente dominador pero los cuales son relativamente
independientes unos de otros" (Johnson 1977).
RESULTADOS
El área valliserrana central del NOA: Jerarquización de
sitios.
En un trabajo anterior (Williams 1995 y 1996) dimos a conocer
los resultados de la aplicación de este modelo para el área de estudio (falda
occidental del Aconquija, sur del valle de Santa María, sur del valle de
Hualfín, el valle de Abaucán y el bolsón de Andalgalá). Nuestro interés fue
comprender las relaciones que debieron existir entre los asentamientos locales y
estatales durante la época inka. En esta oportunidad contamos con una muestra
formada por 13 sitios estatales y 5 locales (Cuadros 1 y 2).
| SITIOS ESTATALES |
SUPERFICIE |
RANGO |
|
|
|
|
| NEVADO DE ACONQUIJA |
25 |
|
1 |
| WATUNGASTA |
16 |
|
2 |
| PUNTA DE BALASTO |
10 |
|
3 |
| FUERTE DE ANDALGALA |
5.4 |
|
4 |
| HUALFIN |
5.4 |
|
5 |
| POTRERO CHAQUIAGO |
4.3 |
|
6 |
| SHINCAL |
3.6 |
|
7 |
| INGENIO DEL ARENAL MEDANOS |
3.5 |
|
8 |
| BICHO MUERTO (Z-02) |
1.8 |
|
9 |
| BICHO MUERTO (Z-01) |
1.2 |
|
10 |
| CARAPUNKO |
1.1 |
|
11 |
| MISHMA 7 |
1.1 |
|
12 |
| RANCHILLOS |
0.2 |
|
13 |
|
|
|
|
| CUADRO 1 |
|
|
|
| SITIOS LOCALES |
SUPERFICIE |
RANGO |
| |
|
|
| RINCON CHICO |
40 |
1 |
| QUILMES |
25 |
2 |
| CERRO MENDOCINO |
18 |
3 |
| LOMA RICA DE SHIQUIMIL |
3.8 |
4 |
| LOMA NEGRA DE AZAMPAY |
2.5 |
5 |
| |
|
|
| CUADRO 2 |
|
|
Todos estos sitios están relacionados por la red vial inka yes muy probable que hayan tenido vinculaciones muy estrechas
desde el punto de vista de sus ocupantes, de sus actividades y a los efectos de
la organización estatal. A esto debe sumarse que el material cerámico no inka,
es decir el correspondiente a la categoría Fase Inka (Calderari y
Williams 1991) en todos estos establecimientos estatales pertenece a tipos
definidos como característicos de otras áreas, fenómeno que exige una
interpretación de orden regional y no solamente local. En esta oportunidad se
consideraron los sitios como un todo sin discriminar la función de cada uno.
Las distribuciones tamaño-rango fueron aplicadas al área
elegida tomando dos ejes de análisis: valles Abaucán-Hualfín por un lado y
sur del valle de Santa María-Aconquija y Andalgalá por el otro.

En el gráfico 1 se ubican la totalidad de los sitios
estatales (N=13) (cuadro 1) de las dos unidades de análisis. Es interesante
marcar que este gráfico presenta una desviación convexa. La curva muestra una
forma inicial convexa y termina con una caída rápida por debajo de la línea
del tamaño de asentamiento esperado. Los ocho primeros sitios mantienen las
relaciones de tamaño y complejidad y los cinco restantes son generalmente más
pequeños de lo esperado. La presencia de varios sitios de grandes dimensiones
podría ser explicada como consecuencia de varias causas: a) la existencia de
múltiples sitios independientes; b) la presencia de varios sitios de la misma
categoría o c) la existencia de una baja integración entre los sitios. Como
podemos apreciar, la relacion entre el primer y segundo sitio es la esperada.

Esta misma tendencia o patrón convexo se repite si agrupamos
a los sitios estatales y locales (Gráfico 2), en el cual tendríamos un
sitio de grandes dimensiones y seis sitios con un rango entre 10 y 25 ha. Los 12
sitios restantes no matendrían las relaciones de tamaño esperado. La relación
entre el primer sitio y el segundo también es la esperada.

Por otro lado, también se analizó el comportamiento valle
por valle. El gráfico 3 corresponde al valle de Abaucán-Hualfín donde
observamos una desviación del tipo primo convexa, con la presencia de un sitio
local y 5 sitios estatales. Como mencionamos más arriba los patrones de
desviación primo-convexa resultarían de un sistema de asentamiento formado por
enclaves que son relativamente independientes unos de otros sin dejar de estar
articulados en función de un centro mayor.

Para el sur del valle de Santa María, falda del Aconquija y
bolsón de Andalgalá, tomando únicamente los sitios estatales, se evidencia
una desviación convexa o primo convexa aunque por debajo de la linea normal (Gráfico
4). Cuando integramos a este último gráfico los sitios locales también se
repite el mismo patrón (Gráfico 5). Solamente cinco sitios estatales
mantienen las relaciones de tamaño y complejidad esperados. Este tipo de curva
pueden identificarse ante dos situaciones: a) cuando dos o más sistemas bien
integrados están incluídos en el análisis o b) cuando los sitios se localizan
en la periferia de una gran economía política (Paynter 1982). Recordemos que
en este análisis no se incluyen los sitios del norte del valle de Santa María
ni los sitios del valle del Cajón y ésto puede ser una razón de dicho
comportamiento (3).
Hasta este punto podemos marcar dos tendencias preliminares
en el comportamiento de los sitios dentro de una estructura de dominación
estatal y son:
1) en tres de los gráficos se repite una desviación
levemente convexa, lo que nos estaría indicando un grado de integración bajo;
y
2) los valles de Abaucán-Hualfín muestran una tendencia que
se separa de las anteriores, es decir un patrón primo-convexo que puede estar
indicando la presencia de enclaves aparentemente independientes unos de otros.
Con relación a la función de los mismos, podemos decir que
de la muestra de 13 sitios inkas, solamente tres son fortalezas o asentamientos
de tipo militar, el resto serían centros administrativos y/o tambos.
Queremos enfatizar que la aplicación de este tipo de
análisis es solamente un intento de mostrar ciertos lineamientos en la
integración de un sistema de organización.
En sintesis, la aplicación del modelo mostró dos tendencias
en el análisis de la integración de los sitios dentro de la estructura de
dominación estatal. Todos los sitios del área Aconquija, Andalgalá y valle de
Santa María habrían mantenido un grado de integración relativamente bajo.
Consideramos a ésta no como una afirmación sino como una hipótesis derivada a
contrastar, ya que la muestra puede estar sesgada y por lo tanto no ser válidos
los resultados obtenidos. Por su parte, los valles de Abaucán y Hualfín
mostraron un comportamiento diferente al anterior. Podríamos sugerir que
habrían existido enclaves aparentemente independientes unos de otros.
LA DOMINACION HISPANA
La penetración hispana en el Noroeste argentino se inició
en el año 1536 con la entrada de Diego de Almagro, y fue retomada en 1543 con
el ingreso de las huestes de Diego de Rojas, Nicolás Gutiérrez y Francisco de
Heredia. Estas expediciones se caracterizaron por realizar reconocimientos de
los territorios y sus habitantes para evaluar el potencial de la región, pero
no dieron comienzo a la instalación colonizadora.
La información disponible para este momento es de carácter
documental y sobrepasa la información arqueológica.
Entre mediados y fines del siglo XVI los españoles
intentaron fundar ciudades, con el objetivo de establecer una ruta que les
permitiera enlazar a Potosí (en el Altiplano de Charcas, hoy Bolivia) con el
puerto de Buenos Aires (en la boca del Río de La Plata, salida meridional al
océano Atlántico). Pero los conflictos con los indígenas les impidieron
consolidar sus nuevos poblados.
La colonización tomó impulso a partir del gobierno de Juan
Ramírez de Velasco, quien con la fundación de la ciudad de Todos Santos de la
Nueva Rioja en 1591 logró afianzar la presencia española en la región.
También comenzó durante este período la organización del trabajo indígena a
partir de los repartos de encomiendas. La implementación de las demandas
coactivas, sobre todo la vinculada a la forma de los servicios personales, fue
una de las razones que motivaron el Gran Alzamiento de los indios diaguitas,
de trece años de duración, que jaqueó a la zona de Catamarca entre 1630 y
1643. De este momento proviene la información documental que hemos analizado.
Para realizar dicho análisis, tomamos la cronología
elaborada por Aníbal Montes (1959), quien distingue tres etapas diferentes
(1630-31; 1634-37; 1642-43).
Durante la tercera etapa (1642-43), los indios de Hualfín y
Abaucán todavía representaban una amenaza para los habitantes españoles de la
región. Los encomenderos reclamaban que no cumplían con sus prestaciones
coactivas, y todos temían por el apoyo que podían obtener de los valles
Calchaquíes, aún libres de la dominación hispana. El Teniente de Gobernador
de la jurisdicción de Londres, Francisco de Nieva y Castilla, encabezó una
columna que, desde el sur "pacificó" a los últimos rebeldes del
oeste catamarqueño. Dicha pacificación incluyó una política de
desnaturalizaciones masivas, gracias a la cual fueron trasladados 400 indios (malfines
y abaucanes) hacia la ciudad de Córdoba.
De estos sucesos, sobre todo de las últimas campañas,
proviene la documentación que nos ha permitido desentrañar la trama de las
relaciones de parentesco y de las alianzas convocadas por Chalemín, jefe de los
malfines y líder del movimiento.
RESULTADOS.
Los aliados y parientes de Catamarca
Hemos expuesto en otro trabajo (Schaposchnik 1994) el
análisis pormenorizado de la información relativa a la constitución del
frente rebelde. Registramos en dicha investigación la participación en el
movimiento, las vinculaciones entre los grupos rebelados y la conexión de los
grupos del oeste catamarqueño con los de zonas aledañas (valles Calchaquíes y
vertiente occidental de la sierra de Ambato). Nuestro propósito fue explicar la
lógica que sustentaba las redes convocadas por los rebeldes, estructuradas a
partir de relaciones de parentesco y de alianza.
Para desentrañar ese tejido rebelde tomamos en cuenta varias
posibilidades, que podemos resumir en dos ejes:
a) las alianzas fueron coyunturales o b) las acciones
coordinadas respondían a relaciones de parentesco o de alianza producto de una
estructura política preexistente, y la participación o no en el alzamiento
estaba vinculada a la dinámica histórica previa (conflictos interétnicos,
competencia por el acceso a los recursos, desplazamientos de población,
expansión inka, etc.).
Tal como lo expusimos en el trabajo mencionado, al leer la
documentación nos preguntamos: ¿se unieron todos contra el invasor?
¿esa unión reflejaba una estructura previa? ¿el hecho de haber aparecido como
"indios amigos" puede ser interpretado como una consecuencia de
conflictos interétnicos anteriores, o no directamente vinculados a la conquista
hispana (incluyendo en esto último a la dominación inka)?

Del análisis realizado (Figura 2) comprendimos que
los malfines del oeste catamarqueño (epicentro de la rebelión) concentraban la
mayor cantidad y variedad de lazos: parientes, aliados, refugios en otras zonas,
etc. Fue seguramente esta posibilidad de reclutar adeptos la que los situó como
los principales convocadores del movimiento rebelde. Los habitantes del área de
Andalgalá mantenían relaciones de parentesco y de alianza tanto con los malfines
como con los habitantes del sur de los valles Calchaquíes, sobre todo los
yocaviles. Estos últimos, al igual que los ingamanas, asistían a los
rebeldes, aunque no participaban activamente en el movimiento. Los yocaviles
estaban emparentados con los malfines, y la relación de parentesco entre
ingamanas y malfines no ha sido comprobada, pero sí se mencionan
las alianzas que los conectaban con la gente de Chalemín, así como con los
habitantes de la vertiente occidental de la sierra de Ambato (Colpes, Pipanaco,
Colana, Mutquin), cuyo caso hemos estudiado en otro trabajo (Schaposchnik 1997).
Por su parte, estos pueblos de la vertiente occidental de la sierra de Ambato,
recibían ayuda de la gente del sur de los valles Calchaquíes.
El caso de los abaucanes merece una consideración especial.
Las referencias documentales los presentan, para la época de la rebelión, con
casi total independencia respecto del resto de los sublevados. Esto se combina
con que no hemos hallado menciones expresas sobre relaciones de parentesco entre
los abaucanes y algún otro grupo, siendo que dicha información aparece
manifestada claramente en las otras conexiones. Para ubicar a los abaucanes
dentro del tejido rebelde, se menciona que son aliados de los malfines,
pero que "... se arriman a la parte que sintieren con más
fuerza ..." (6). Nuestra interpretación al respecto fue que ante la
ausencia de relaciones de parentesco, las actitudes de adhesión al movimiento
rebelde fueron mucho más ambiguas. Dicho razonamiento se complementa, además,
con la hipótesis sugerida por Sempé de Gómez Llanes (1973) respecto del valle
de Abaucán. Esta arqueóloga sugiere que allí habrían habitado mitmaqkuna provenientes
de San Juan (en la región de Cuyo, Argentina). En este punto de la
investigación nos preguntamos si los indígenas que a mediados del siglo XVII
fueron nominados como abaucanes pueden haber sido los descendientes de
aquéllos colonos instalados por los inkas que Sempé de Gómez Llanes detectó
en el registro arqueológico.
Nuestras conclusiones fueron, a partir de los estudios
realizados, que el liderazgo de Chalemín estaba vinculado no sólo a su carisma
personal, sino también a la posibilidad de movilizar redes de relaciones que
vinculan a grupos dispersos geográfica y políticamente. Estas redes también
han sido estudiadas para otras partes del área andina, tanto en la
organización general de las sociedades como en las coyunturas rebeldes. De esta
manera, la base de sustentación del alzamiento la hallamos en la adhesión y
pertenencia a complejos sistemas que coordinan la acción conjunta. Al no
aparecer vínculos de parentesco, las alianzas registradas parecen ser más
laxas, y probablemente la inserción de los grupos no emparentados dentro de la
trama rebelde haya estado sujeta a las condiciones específicas de cada momento.
Como vemos, la invasión española no socavó por completo las estructuras
políticas preexistentes.
ARQUEOLOGIA / ETNOHISTORIA: LA INTEGRACION DE LOS APORTES
Nuestra pretensión al escribir este trabajo fue buscar la
integración y el diálogo entre ambas disciplinas. Es sabido que para realizar
estudios interdiscipliarios es necesario comenzar la investigación desde una
óptica integrada, y no limitarse a la comparación de las conclusiones. No
obstante, pensamos que los resultados de ambos trabajos merecen ser evaluados en
términos de semejanzas y diferencias. Como lo hemos reseñado aquí, -y para
una exposición más detallada remitimos a la lectura de los artículos
específicos-, ambos trabajos convergen en algunos puntos que se pueden enlazar.
En primer lugar, nuestras áreas de estudio han coincidido,
ya que hemos tomado información -tanto del registro arqueológico como del
documental-, referente al área valliserrana del Noroeste argentino. Las
poblaciones de este área sufrieron la conquista inka primero, y invasión
española después. Sabemos que ambas modificaron las estructuras
socio-políticas previas, pero aún no podemos ponderar con exactitud la
magnitud de esas alteraciones. No obstante, dejamos abierta la posibilidad de
que los resultados de estas investigaciones nos estén mostrando solamente la
resultante de dicha presión. Es decir, que en el registro escrito producto de
la invasión hispana lo que nos está apareciendo es la estructura resultante de
la etapa inka.
En segundo lugar, los marcos temporales de cada análisis
realizado no coinciden; pero queremos ampliarlos compaginándolos a partir de
una perspectiva diacrónica -bastante ambiciosa por cierto-, tomando en cuenta
los contextos de cada momento estudiado. En tercer lugar, cada trabajo se
dedicó a examinar información que permitiera estudiar modalidades y niveles de
integración e interrelación. En un caso, se buscaron relaciones entre los
sitios arqueológicos mediante el uso de reglas que vinculan tamaño y rango. En
el otro, se buscaron las menciones que vinculan a las unidades étnicas
coaligadas durante los movimientos rebeldes de 1630-43.
Con respecto a las conclusiones de ambos trabajos, hay
algunas coincidencias, que trataremos según ejes geográficos:
a) Eje Hualfín/Abaucán:
Desde la arqueología se observan vinculaciones entre ambos,
pero no un nivel de integración que nos permita afirmar que consituían una
unidad sociopolítica.
Desde la etnohistoria observamos que los malfines,
convocadores de la rebelión, tienen relaciones de parentesco con otros grupos,
pero no con los abaucanes.
b) Eje Aconquija/Andalgalá/Santa María:
Desde la arqueología se observa una relación existente,
pero sin llegar a un fuerte nivel de integración.
Esto se corresponde con las relaciones de alianza y
parentesco detectadas entre los grupos que habitaban esas zonas en los años de
1630-40. Para tal momento observamos que los andalgalás están
emparentados y aliados con los malfines (Hualfín) y los yocaviles
(valle de Santa María), pero se los menciona como unidades diferentes (y
relativamente independientes), tanto de éstos como de aquéllos.
REFLEXIONES FINALES
Hemos expuesto en este escrito dos análisis que, si bien
fueron realizados independientemente, provienen de investigaciones focalizadas
en la misma región y durante períodos sucesivos. La integración de estos dos
trabajos implica avanzar en los estudios interdisciplinarios entre Arqueología
y Etnohistoria del Noroeste argentino. Esta unificación nos permite seguir por
un lapso superior al siglo, a las jefaturas diaguitas del oeste de
Catamarca (Argentina), desde 1414 hasta 1643.
Para llevar a cabo esta unificación, debimos ensamblar
conceptos y metodologías provenientes de diferentes modalidades de trabajo.
Nuestro presupuesto fue que las poblaciones que aparecen mencionadas en las
fuentes hispanas del siglo XVII en la región que nos ocupa eran descendientes
de aquéllas que habitaban los sitios de la región en los siglos anteriores,
más precisamente las que dejaron el registro arqueológico estudiado en este
trabajo. En el plano conceptual, hemos tomado valles por un lado, y grupos
por el otro, conjugando los datos a partir del presupuesto anteriormente
mencionado. En cuando al plano metodológico, hemos combinado análisis
cualitativos y cuantitativos, tomando en consideración las coyunturas
históricas respectivas.
Podemos decir, a partir de los datos analizados y de los
aportes de otros autores, que se trata de jefaturas sólidas (en cuanto a su
organización jerárquica interna). Pero aún no está claramente comprendida la
vinculación entre ellas, problema central en ambas investigaciones. Esto se
relaciona con la competencia del denominado Período de los Desarrollos
Regionales, y con el hecho de no haber estado integradas en una estructura
política mayor aglutinante. Esta integración puede haber dependido de la
dinámica propia de estas sociedades, o de las coyunturas que se generaron a
partir de la conquista inkaica primero, y de la invasión española después.
De nuestras investigaciones surge, entonces, que las
jefaturas de Santa María, Aconquija y Andalgalá tuvieron cierto grado de
integración socio-política al momento de la presencia inka. Esta integración
podría continuarse con las referencias al parentesco entre los habitantes de
esas regiones en tiempos hispánicos a mediados del siglo XVII.
Entre Abaucán y Hualfín, por su parte, la integración es
mucho menor durante la etapa inkaica. Esto también se corresponde con la
ausencia de relaciones de parentesco durante la etapa colonial.
Nuestro paso inmediato es, entonces, preguntarnos si dichas
coincidencias se deben a la perduración del mapa político del área, o si son
producto de la presencia inka en la región. Por otra parte, debemos realizar
ahora el análisis del eje Hualfín/Andalgalá, y ver si nuevamente coinciden
los datos de ambos registros o si esto no sucede. Dicho análisis podría
modificar o reforzar las propuestas aquí desarrolladas.
Resta destacar -como ya lo hicimos oportunamente-, que
nuestra pretensión al momento presente es sugerir hipótesis a retomar en
futuras investigaciones, y no pruebas finales.
Buenos Aires-Nueva York, junio 1997
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NOTAS
*. Este trabajo fue presentado en el 49th Congreso
Internacional de Americanistas realizado en Quito en julio de 1997.
Próximamente será publicado por Abya-Yala y la Universidad de Pittsburgh.
(1) Se conoce como diaguitas a los grupos indígenas
que habitaban, al momento de la llegada de los españoles, la región
valliserrana central del NOA, es decir, el sur de la provincia de Salta, el
oeste de Tucumán y las actuales provincias de Catamarca y La Rioja. Han sido
caracterizados como grupos de agricultores desarrollados que compartían la
lengua (el kakano) y un modo de organización social y económica, pero
aparentemente no tenían una organización política mayor aglutinante tal como
una confederación o estado.
(2) La jurisdicción del Tucumán colonial corresponde en
parte al antiguo Tucumán prehispánico que comprendía las actuales provincias
de Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero, Tucumán y Córdoba
del noroeste de Argentina. También se llama la gobernación del Tucumán,
Juríes, Diaguitas y Comenchingones.
(3) Esta lista no es exhaustiva y en un futuro deber ser
completada. Seguramente faltan incorporar muchos otros sitios pero su ausencia
se debe a que no se dispone de información publicada al respecto y se carece de
los datos básicos necesarios para hacer estos análisis. Por el momento la
intención es mostrar ciertas tendencias en la integración de sitios
estatales y locales a nivel regional en el momento de la ocupación inkaica y
española.
(4) Sitio el Portezuelo: Ubicado en la cima del cerro del
mismo nombre a 3200 m.s.n.m. entre las quebradas del Melcho y del Sauco. Aqui se
levanta una amplia construcción de 22 metros por 15 metros con paredes de pirca
de hasta 1 metro de alto y 0,80 m. de ancho. Presenta una única entrada
jalonada por un bloque de piedra canteada. Posiblemente sea una kallanka.
Esta construcción está rodeada por restos de pirca muy destruídas que
posiblemente conformarían otro tipo de instalaciones. Traspasando la quebrada
del Sauco se divisan estructuras circulares, posiblemente corrales antiguos
(Podestá y Elkin 1995)
(5) Carapunko: Se ubica en el sector medio superior de la
quebrada del rio Villavil, Dpto de Andalgalá a 2000 m.s.n.m.. Tipo de
instalación: terrazas de cultivo. Pero hay diferentes tipos de estructuras:
recintos, terrazas de cultivo y obras hidráulicas (Ratto 1996)
(6) Archivo Histórico de Córdoba, Escribanía 2, Legajo 9
[II], Expediente 21, folio 15. 12-VII-1640.
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